Como se desplaza la nave al rojo
y amaina el mar, así
el Príncipe sabe del dolor de.
Reconoce el brazo que le falta,
el músculo seco, la lluvia al fin.
La lluvia, lascas de titanio,
cristales nobles, ese ir a
el roce apenas de dos galaxias, le vacían
la piel por dentro de.
Le bruñen la carne toda, la lentitud,
el mástil y los nudos, el primer grito.


El Hubble capta el vertiginoso choque entre dos galaxias espirales el pasado 13 de octubre

Cuaderno de poesía

Redactado por Raúl Morales García el Miércoles 14 Octubre 2009 a las 18:52


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