Como el pez, el Príncipe.
Atraviesa el agitado Ponto,
islas y puertos,
redes doradas, quilla y puñal.
Por las noches,
el yodo le escuece, rezuma
salazón en sus pulmones,
destila, digo,
el dolor del viaje,
la circunferencia.
Sólo al amanecer
los átomos de sal
se serenan, se posan
en su sangre y el sueño
vence al Príncipe.

Cuaderno de poesía

Redactado por Raúl Morales García el Viernes 2 Octubre 2009 a las 14:52