En este mundo todos somos víctimas y culpables. Si queremos abandonar esos dos papeles que parecen inevitables, debemos aceptar profundamente lo que somos. Es decir, morir.
Morir a lo que uno es para nacer de nuevo. Morir a lo que uno es con esfuerzo, un infinito y agotador esfuerzo, y también con ánimo (animus, el lado masculino del alma, el valor, el corazón del león), a fin de ir más allá de los límites de uno mismo. Sólo así es posible la creación. Sólo así es posible alcanzar la expresión de la belleza.

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Redactado por Raúl Morales García el Domingo 15 Noviembre 2009 a las 16:18


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