Algunos árboles, en los jardines públicos, terminan por caer.

Sus raíces no tienen que profundizar para buscar el agua que necesitan. Todos los días viene un jardinero a regar.

Sus raíces se quedan en la superficie con complacencia.

Sus raíces disfrutan de esa agua abundante y fácil.

Sus raíces de blancos filamentos no crecen hacia abajo con fuerza. No se enroscan a las piedras ni a los cantos. No se topan con lombrices. No sostienen. Duermen.

Sin embargo, cuando algo ocurre, cuando sopla el viento, cuando hay un corrimiento de tierras, esos árboles complacientes caen. Caen y mueren.

Hay jardineros que clavan unos tubos en el suelo, a los pies de estos árboles. Después echan el agua por los tubos.

El agua baja y baja a través de la tierra, y las raíces de los árboles, en los jardines públicos, no tienen más remedio que profundizar para beber. Y sostienen.

Vida

Redactado por Raúl Morales García el Viernes 27 Noviembre 2009 a las 13:13